18 de febrero de 2012

Parálisis de ideas


     En el Evangelio de hoy Jesús cura a un paralítico. Le sana por fuera y por dentro. Le perdona los pecados y le devuelve la salud. Se siente querido por Dios y aceptado por sus hermanos.
     Pero la mayor parálisis no era la que sufría el paralítico del Evangelio al que cura Jesús. No, no, los más inmóviles, estáticos y enfermos eran aquellos que ponían en duda la actuación de Jesús. Muchos judíos tenían la mente cerrada, embotada y paralizada, lo que no les dejaba percibir todo lo que Jesús decía y hacía.
     La parálisis que sufrían aquellos judíos era una parálisis de ideas, de mentalidad.
     A veces también nuestra mentalidad cristiana está cerrada, sufrimos de parálisis de ideas y pensamos que las cosas deben hacerse siempre igual. Cuando vienen novedades a nuestra vida nos oponemos, ponemos el grito en el cielo y miramos para otro lado.
     Los que llevamos más tiempo en la Iglesia a veces sólo vemos en una dirección, y necesitamos que las nuevas generaciones nos traigan aire fresco y renovado para que nuestra religiosidad no se paralice. La fe seguirá siendo la misma, pero la forma de celebrar, de vivir, de acercarse a Dios, puede cambiar.
     Por eso, dejemos sitio a otros, abramos espacio a los más jóvenes. No pasa nada si se equivocan, si realizan disparates, si montan bulla y ruido en la Iglesia, porque eso demuestra que nuestras comunidades están vivas y se mueven.
     Al igual que aquellos que llevaban al paralítico tuvieron que abrir un hueco en el tejado para tener acceso a Jesús, también hoy deben abrirse nuevas vías para llegar a Jesús. No tengamos miedo a la novedad. A Jesús se puede llegar por la puerta de adelante, la puerta de atrás, las ventanas…, o, incluso, el tejado.

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